No tienes poder sobre mí
No tienes poder sobre mí. No tienes poder sobre mí. No tienes poder sobre mí.
Repite estas palabras. Una y otra vez. Con firmeza, con convicción, con fe. Cada vez que te encuentres ante una situación negativa, una dificultad, un problema, has de plantarte en tu sitio y ser muy decidido en ello. Le tienes que decir a todo aquello que hasta ahora sembraba la duda en tu corazón, todo lo que te atemorizaba, todo lo que te provocaba ansiedad, que la hora de la oscuridad ha pasado.
En todo momento puedes tomar decisiones que determinan cómo serás en un futuro, tanto inmediato como lejano. Decisiones que te convierten en más persona o en menos persona. Son las que te convierten en menos persona las que van condicionando tu vida y lastrando tu felicidad. Es por ello que has de estar vigilante, y en cuanto percibas que estás encaminando tus pasos en la dirección que no quieres, no te achiques ante la dificultad, dile que todo ha cambiado, que a partir de ahora eres amo de tu propio destino. Afirma con contundencia:
Tú no tienes poder sobre mí.
Dilo una y mil veces. Si al principio no lo crees realmente, es lo mismo. Dilo. Hasta que llegues a convencerte. Cuando estés convencid@, te darás cuenta de que te has quitado una tonelada de peso de encima. Eres más libre. Eres más autónom@. Y puedes empezar a ser más persona.
No tienes poder sobre mí, cortesía de zuzi.wordpress.com.





